Nuestro compañero y cronista Marcos Bentancourt emprendió recientemente un viaje por el hermano país de Bolivia, y decidió retratar sus vivencias a través de una serie de entregas donde, al son de las mejores melodías del Metal Argentino, nos comparte su experiencia.

Aqui la primera de siete crónicas, para disfrutar y transportarse a través de las palabras.


Bienvenido al Estado Plurinacional de Bolivia


Suenan los platillos y las guitarras distorsionadas. Al rato Carlos Cabral me canta “Venas de Acero” de Tren Loco:

Mis venas de acero

y mi sentir metalero

me guiarán adonde ir

arrancar de nuevo…

Conmigo te espero

para cruzar mil senderos

como las vías de un país

Venas de acero


Desde la ventana del avión avistamos con mi amigo las casas que emergen del verde campo y que todavía presentan la estética colonial compuesta por paredes blancas con techo de tejas coloradas. Sólo nos distrae un colorido cartel de bienvenida, se trata de un brillante arcoíris que se aprecia desde la ventana del avión. En seguida comenzaremos a sentir el calor húmedo que caracteriza a la ciudad tropical de Santa Cruz de la Sierra en esta época. Sólo tenemos 4 horas y media para conocer la urbe, ya que estamos aquí de paso. Nuestro vuelo hace escala aquí antes de marchar hacia Sucre, nuestro destino final, donde continuaremos nuestro viaje por tierra.

Lo único que nos alivia de los 30 grados centígrados que no pega de frente al salir del aeropuerto es una lluvia que cae en diagonal por culpa de las fuertes ráfagas de viento. Nos refugiamos en una pequeña combi que sale en dirección al centro de la ciudad y nos hace recorrer el césped, las plantas y palmeras que relajan un poco nuestra ansiedad. Sin embargo, de a poco el paisaje comienza a modificarse. El tumulto de autos al frente obliga a nuestro vehículo a abandonar el asfalto y tomar la banquina de tierra. Ahora predomina el gris apagado de la ciudad con sus comercios, carteles y fábricas. La lluvia cesa antes de que nos bajemos y la gente amablemente nos orienta hacia la plaza central “24 de septiembre”, fecha del levantamiento de independencia de Santa Cruz. Lo primero que nos llama la atención son las cholitas, mujeres aimaras de tez oscura que se caracterizan por su estética particular. Están cubiertas por un vestido que posee una gran pollera que llega hasta los tobillos, sombrero bombín, un pelo recogido en dos largas trenzas que caen por la espalda y una colorida manta que se utiliza como bolso, tanto para llevar al bebé o la mercadería. Si bien actualmente el término cholita es un apelativo cariñoso que deriva de “cholo”, persona que posee mestizaje entre un europeo y alguien perteneciente a los pueblos originarios, originalmente aquella palabra era despectiva porque se utilizaba para referirse a las mujeres de las comunidades originarias que se mudaron a la ciudad y adoptaron el estilo de vida de los mestizos urbanos. Para poder ingresar a ciertos círculos sociales esas mujeres debían adoptar una vestimenta similar a los extravagantes sombreros y vestidos femeninos europeos que predominaban en la época de la colonia.

Es 21 de diciembre, pero la navidad aquí no se hace esperar. En el centro de la plaza central emerge una estatua decorada de estrellas doradas y plateadas. Se trata de Ignacio Warnes, histórico gobernador de la ciudad que brindó asistencia en la Guerra de Independencia de Argentina y luchó contra las invasiones inglesas. Su mirada apunta a la imponente Basílica de San Lorenzo y, entre ambos, se encuentra un Papa Noel sentado en un banco recibiendo a los niños alegres, pero ansiosos de regalos. Alrededor de la gran Basílica hay otros niños, sólo que estos están sucios y con la ropa rota. Verlos jugar con sus madres en el suelo, mientras éstas piden monedas desesperadas, me llena de pena e impotencia y me hace acordar a la canción “Muerto en la Calle” de Horcas:

El espectro de la noche

se acerca

y hay un chico

que sufre su desgracia

no ve futuro ni ambición

en su existencia

y en su rostro no existe la sonrisa

 La sociedad

que le da la espalda

mientras el resentimiento

lo invade

Víctima del yugo

y la explotación

no esperen de el

que sea mañana mejor.

 El verdadero chico callejero

condenado

por grandes ignorantes

No ve futuro ni ambición

en su existencia

y en su rostro no existe la sonrisa.

 El privilegio no existe para el

muerto en la calle,

muerto en la calle.


No nos podemos quedar mucho tiempo más así que emprendemos la vueltadespués de pasar por los blancos y antiguos edificios del cabildo colonial y la casa de gobierno. Bajo la maraña de cables que conectan los antiguos edificios empezamos a buscar las paradas de colectivos, pero pronto descubrimos que el transporte público se maneja sobre todo con combis viejas y apretadas iguales a la que nos trajo. También nos damos cuenta que no existen señalizaciones de las paradas, sino que se encuentran preguntando, aunque a veces los vehículos frenan ni bien uno alza el brazo. Le pagamos al conductor dos pesos bolivianos antes de bajarnos en la terminal, donde abordaremos un colectivo que nos dejará en la aeronave, pero no sin antes recibir el agua de la lluvia que nos despide de la misma manera que nos recibió apenas llegamos.

 

Por: Marcos Bentancourt en crónica y fotos.


 

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