Un funeral arrollador fue el concierto que brindó la banda californiana el pasado domingo en el Luna Park. Slayer se despidió para siempre del público argentino tras un concierto que, sin demagogia ni la recurrente adulación al público y dedicándose sólo a volcar sobre el escenario toda su potencia, quedará en la memoria de los presentes para siempre.
Los íconos del trash metal oriundos de Huntington Park anunciaron su despedida en el marco de su Final World Tour, razón fundamental para que contingentes provenientes de toda la Argentina y algunos países limítrofes colmaran el estadio Luna Park. La cita era a las 21hs y fue pasados unos escasos minutos, luego de la apertura a cargo de los locales Horcas, que comenzó a escucharse desde atrás del telón la melodía de “Repentless” para que estalle en adrenalina el público que aún no se había acomodado. De allí en adelante la banda comandada por el chileno Tom Araya volvió a demostrar su arsenal de poderosos riffs y vertiginosos solos de guitarra envueltos en el mural de sonido que provienen de los parches de Paul Bostaph.

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Con una austera escenografía pero sí un sonido de una claridad realmente notable, el set list no guarda sorpresas y repite la misma fórmula que utilizaron en su paso por Ecuador el 26 de Septiembre. “Evil has no boundaries”, “World painted blood”, “Postmortem”, suenan casi uno atrás del otro hasta que llega el momento de la primera ovación de la noche. El canto es agradecido sencillamente pero con una gran emoción por Araya y el show continúa.
A lo largo de sus 40 años de trayectoria la insignia de Slayer siempre fue demostrada sobre el escenario -a diferencia de otras bandas con las que comparten el podio entre las pioneras del trash- la esencia de sus conciertos no se encontraba mucho más lejos de la destreza técnica, los feroces alaridos y la crudeza en sus controvertidas letras de ultratumba. Tal vez por eso hayan logrado marcar a fuego el corazón del metalero argentino, reacio desde siempre al cotillón, a las luces de colores y a las típicas canciones de amor.
“Gemini”, “Disciple”, “Mandatory Suicide”, “Hell Awaits” hacen vibrar nuevamente el piso del Luna mientras uno desde arriba puede ver a la multitud del campo saltando en un pogo interminable. La banda, que arribó por primera vez al país para ser telonera de Black Sabbath junto a Hermética en 1994, se mantiene erguida ejecutando cada una de sus canciones.
“Black Magic” y “Dead Skin Mask” anuncian que el final se acerca. Pero es con “Angel of death” que el estadio entra nuevamente en ebullición y, mientras Slayer se despide para siempre de Argentina, las almas que aún continúan alentando les regalan una última ovación.
Sólo queda Tom Araya sobre el escenario llenándose del amor que le entregan sus fans. Camina de un lado a otro mirándolos fijamente y, otra vez frente al micrófono, juntando las palmas de sus manos, dice: “Muchas gracias a todos, los vamos a extrañar”.
Los aguardan unas pocas estaciones en esta gira, la última de todas. Sólo queda por saber, de ahora en adelante, quién o quiénes serán los encargados de continuar la leyenda de Slayer.

 

Por: Federico Gallello.

Fotos: Oficiales vía Gaby Sisti Press – Gallo Bluguermann/Rockpix.com

©Derechos Reservados de Autor.

Agradecemos a la producción por la invitación al evento.


 

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